
Todo inicia en la hermosa ciudad de Riobamba, después del terremoto siniestro de 1797 que obligó a la población a trasladarse de la villa a Tapi en el sitio llamado Aguaisate a inicio de 1799, una ciudad que empezó a desarrollarse de a poco, ya que el miedo y la angustia que generó el haber vivido un desastre natural de esta magnitud, en la que se perdió a lo más preciado, sus seres queridos y el esfuerzo de toda su vida; aún estaba en sus mentes las desgarradoras imágenes de niños, abuelos, mujeres… enterrados en los escombros, sus casas en los suelos, sus animales muertos.
La mayoría de la gente en esa época se refugió en la fe católica y clamaban misericordia divina para que todo pase y les permita seguir adelante; pero mucha gente se abandonó a sí misma, pues se dice que “vagaban aturdidos sin saber qué hacer ni a dónde dirigirse”, por otra parte, el impacto psicológico en la población fue grande; la desolación de algunas personas llegó al extremo de que muchos dejaron de preocuparse de sí mismos, lo abandonaron todo y no querían vivir.
Las nuevas casas se asentaron sobre la base de una buena administración, se logró un buen trazado de las calles en manzanas cuadriculadas, todo el reasentamiento fue paulatino y lento, se construyeron los edificios del Cabildo, los templos y conventos y el vecindario se fue extendiendo con viviendas de tapia, adobe o bahareque, que era lo único que permitía la desgastada economía de la población. La mayoría de la nobleza se estableció en la nueva villa edificando sus casas solariegas, aunque algunos prefirieron trasladarse a poblaciones cercanas.

Varias personas lo habían visto en esa noche tenebrosa, era la época de la independencia, en la que las ciudades no duermen con tranquilidad, la gente descansa con un ojo prendido en el mínimo movimiento y sonido que circunda a su alrededor, por la expectativa de las nuevas guerras…, pero cuando escucharon el sonido estruendoso de las herraduras del caballo en las piedras de las calles de la ciudad colonial a media noche, la hora de embrujos y de almas en pena, la gente se levantó de un brinco de sus camas acercándose a las ventanas, creyeron que llegaban las malas noticias con algún mensajero perentorio que traía noticias frescas de la revolución enviadas para el Corregidor, que no era un cargo de tiempo de guerra sino de paz.
Pero cuando abrieron las ventanas que estaban salpicadas de barro, se encontraron con la sorpresa: un jinete vestido de sombra y lúgubre que galopaba precipitado por la luna nueva: caballo negro, botas afiladas de cuero, pantalón negro, poncho que se confundía con la noche. Todos se quedaron paralizados de terror, lo que veían no era cosa de este mundo… era un alma en pena condenada a vagar por el mundo redimiendo su culpa.
Los que miraron este acontecimiento, no podían quitar de sus mentes la escena estremecedora de un jinete erguido sin cabeza en un caballo negro, le cubría su cuerpo un poncho negro como el caballo, una imagen que dejó paralizado a más de uno. Los habitantes de la ciudad se ocultaban muy temprano en sus casas para no chocarse otra vez.

Cada día a partir de ese momento, todos los riobambeños hablaban del horror que pudieron ver algunas personas.
Vecina: Buenos días vecino ¿qué le parece lo que sucedió ayer?
Vecino: Créame vecina, ayer casi me muero del susto, vi a un hombre sin cabeza montado en un caballo, parecía alguien de ultratumba.
Vecina: Pero cuénteme detalles vecino, me va a dejar con ese pendiente…
Vecino: Vecina, una cosa es haberlo vivido y otra muy distinta conversar lo que sucedió, solo al verlo parsimonioso y firme en su caballo me heló el cuerpo, mi corazón latía a millón, las manos me sudaban frío…¿Cómo puede ser algo así?
Vecina: ¿Y qué se supone que hace aquí en nuestra ciudad?
Vecino: A lo mejor estuvo en el purgatorio y vino a redimir su culpa…
Vecina: Si es así vendrá por alguien o algo… Qué miedo vecino, mejor me voy.
El sábado fue su primera aparición, el sábado siguiente se volvió a repetir y así todos los sábados… estas apariciones tenían a la población de Riobamba aterrada y con el alma en un hilo, ya fue un pueblo que sufrió mucho, primero un terremoto, luego las guerras de independencia, ahora esto.
Hasta cuándo!, decían a Dios, podrán soportar tanta incertidumbre…
Transcurrieron los días, y las historias del descabezado de Riobamba se contaban en cada esquina, y los hombres a quienes no les gustaba el encierro, lo seguían viendo. Sobre todo los bohemios que no soportaban el encierro del sábado sin alcohol, los viajantes infortunados que regresaban al asentamiento de San Luis luego de la jornada de trabajo, y los desvelados que no podían dominar el vicio de mirar por la ventana.

Pero en general, cuando llegaba el sábado por la noche, la gente atemorizada, se encerraba en las casas de adobe y teja, con el gran portón de madera clausurado con la tranca y picaporte por dentro.
Las especulaciones sobreasaban la realidad, unos decían que era el alma en pena de algún decapitado en la guerra, otros que venía a vengarse del mundo descabezando a todo aquel que encontrara a su paso.
Otros más extremistas, creían que los curas, de alguna forma, debían tener la culpa, porque las misas ofrendadas para rogar por la santa alma del descabezado, no habían servido sino para llenar las arcas de la iglesia.
Otros que los curas mataron a muchos niños y mujeres y la Iglesia no les perdonó; en fin, la figura emblemática del terror seguía apareciendo sin falta cada semana.
Llegó el día tan esperado, era un sábado despejado, lleno de estrellas y alumbrado por la naturaleza, tanto que se podía ver la belleza del hermoso nevado Cubillines, que se encuentra en el cantón Chambo a 13 km del parque central de la cabecera cantonal, nevado cuya cumbre es irregular, ubicado en la cordillera oriental de los Andes, dentro del área establecida del Parque Nacional Sangay; en el trayecto se puede apreciar un espectacular paisaje, un ambiente de armonía y completa paz, rodeado de vegetación típica de páramo.

Retomando la escena fundamental, en el barrio de Santa Rosa, frecuentado por el Descabezado, dos jóvenes que vivían frente a frente se encontraron por casualidad, los dos eran valientes vecinos, a uno de ellos se le conocía como astuto, era joven y delgado con cabello negro, piel morena y manos delgadas, pero con una mirada penetrante y perspicaz; el otro joven con unos años más que su amigo, pero con mirada tranquila y personalidad que reflejaba pasividad, eran el equipo perfecto para concretar la captura del fantasma que asustaba a los riobambeños. ¡Todos son cobardes! Nosotros no y les vamos a demostrar cómo se caza fantasmas.
Vecino astuto: Para mí, que es un hombre que está vivito y coleando que no engaña a nadie…
Vecino, tranquilo: Pero si fuera verdad que es un fantasma que está penando y nos atrapa y nos lleva con él ¡Qué!..
Vecino astuto: Ya estoy cansado de ocultarme todos los sábados, para remediar esto he creado un plan y así desenmascarar al descabezado impostor.
Vecino tranquilo: Cuénteme todo… que estoy impaciente, yo le ayudo.
Vecino astuto: Vamos a ponerle una trampa para que se tropiece, si es humano se va al suelo, si es un espectro se va volando… ¡Oh! Y nos lleva con él.
Vecino tranquilo: Me agrada la idea, pero al mismo tiempo me espeluzna, me da miedo… Nos puede ir cargando a la quinta paila del infierno.
Vecino astuto: No sea flojo, para que le pase el susto, le invito un trago y así me ayuda como se debe.
Vecino, tranquilo: Bueno, esa es otra cosa-dijo- Por lo menos de chumadito no ha de doler cuando me lleve el Descabezado. Luego de la tertulia, fueron a la plaza a comprar los materiales para la operación cacería del Descabezado de Riobamba. Compraron una soga larga, una poma de trago de contrabando y tabacos cerreros para acompañar al fuerte. Serenieron los vecinos, bebieron hasta que la valentía se apoderó de los dos, el miedo les pareció tan pequeño que cabía en la palma de su mano; conversaron de todo, de la vida, de las vecinas y del jinete sin cabeza.

Se imaginaron tantos escenarios, todos tan distintos y disparatados, que cerca de las doce de la noche, la inagotable fuente de inspiración se agotó. Fueron a templar la soga en las ventanas de cada vecino, calcularon más o menos la altura del pecho del decapitado. Las casas de Riobamba, que en su mayoría eran bajas, ofrecían grandes facilidades para la ejecución de la trampa.
Finalmente, revisaron una y otra vez para que no vaya a fallar su plan.Estaban preparados para la operación, sin embargo, lo que les sostenía era la borrachera que se empinaron… Eran ya las doce de la noche y empezó la típica bulla del jinete sin cabeza, la gente del pueblo, horrorizada, no se atrevía ni a ver por la ventana, se aplastaban las almohadas en la cabeza para no escuchar y no
ver a los jóvenes muertos o llevados a quemarse en la quinta paila del Diablo…
La oscura noche se apoderó de ese momento, los jóvenes estaban escondidos en la sala del vecino astuto, de pronto el Descabezado pasó frente a sus casas, pero él se percató de algo inusual…, y picó al caballo que apretó a correr; sin embargo, el cabestro estaba templado, y el
jinete chocó brutalmente de pecho, con la velocidad que iba el animal, tiró de espaldas al Descabezado, los jóvenes no sabían si reír o llorar y apresaron a la supuesta alma en pena.
Allí vieron al infeliz ahogándose en el poncho, quejándose por el dolor de los golpes. Los jóvenes le quitaron la vestimenta que tanto pánico generaba en los riobambeños, comprobaron con sorpresa que era el cura de San Luis, él, abochornado trató de justificarse indicando que hacía mucho frío y se tapó la cara para no agriparse, trató de disculparse pero el sacerdote seguía rojo de vergüenza.
Antes de entregarle a las autoridades, los jóvenes vecinos se escaparon con el cura a la cantina, en donde les confesó su amor irracional por una mujer santarroseña. El amor y la pasión lo habían perturbado tanto, que el único camino que encontró para consumarlo, fue cubrirse el rostro y aparecer como espectro, porque la sociedad riobambeña asimilaba mejor la idea de un descabezado vagabundo, que la de un cura enamorado.
Esta historia termina a la mañana siguiente de haber descubierto la identidad del jinete, era voz populi en Riobamba que ya no aparecería el fantasma del jinete sin cabeza, mientras que la gente murmuraba en secreto, que el fantasma era de carne y hueso y era el Doctor de la Pedrosa, cura del Asiento de San Luis.
Desde entonces los riobambeños son muy valientes para eso de apariciones y almas en pena, no comen cuento, son como Santo Tomás Apóstol,-ver para creer-.