LA MUSA FRANCESA

Hace mucho tiempo sucedió un acontecimiento que cambió el rumbo de la humanidad y que tuvo la participación de importantes personajes riobambeños.
¿Quieres saber qué sucedió?
Dice la historia que hace muchos, muchísimos años, en el corazón del Ecuador, bajo el frio del Chimborazo coronado de nieve, llegaron a nuestro territorio, varios científicos con la misión de descubrir la verdadera forma de la tierra y por eso vinieron a medir el arco del meridiano. Esta expedición se llamó la Misión Geodésica y estaba al mando de un francés que se llamaba Charles Marie de La Condamine, le acompañaron también ayudantes españoles y un ecuatoriano, su tarea era determinar con precisión el lugar por donde pasaba la Línea Equinoccial. Sus mediciones permitieron además establecer el Sistema Métrico Decimal que se utiliza en el mundo entero. En fin parece ser que su estancia en nuestro país demoró más de lo previsto, y a los expedicionarios les resultaba muy difícil permanecer en estas tierras andinas , así que durante su larga estadía, mientras realizaban las actividades para las que fueron encomendados, recibieron ayuda de religiosos jesuitas y también de familias acomodadas de la época.

Fue entonces que un día, Charles Marie de La Condamine,en una de sus visitas a estas familias, llegó a la hacienda Los Elenes, cerca de Riobamba. Este lugar era la morada de la familia Dávalos Maldonado, una preciosa estancia donde todos los días, quienes la habitaban se preocupaban de cultivar en ella las ciencias, las artes y las letras.
Por esto los esposos Dávalos- Maldonado educaron a sushijos en un ambiente espiritual, rodeado de una formación cultural y artística, tenían en la casa una enorme biblioteca y una abundante mapoteca, donde se aprendía geografía, pintura, música, lenguas y ciencias.
Para estos sabios franceses frecuentar la casa de don José Dávalos era un privilegio, puesto que no habían encontrado un sitio tan extraordinario como este, dicen que la familia tenía libros en francés, y que él, sin hablar esta lengua les había enseñado a sus hijos a dominarla. En una ocasión, Magdalena la cuarta hija de la familia, causó gran sorpresa entre los sabios franceses cuando la vieron traducir a Moréri en cualquier parte y pronunciar correctamente en español todo lo que leía a primera vista en francés.
Esta joven desde pequeña demostró su talento para las artes, solía pasar su tiempo en un taller donde ejecutaba obras delicadas de escultura y pintura, también tocaba varios instrumentos y según dicen esta imponente y brillante joven, tenía una voz que era a la vez furibunda, afectuosa y sutilmente femenina.

La “Musa francesa” como la llamó La Condamine, era una mujer con carácter, de aspecto elegante y distinguido, de piel clara y cabellera larga, que con el pasar del tiempo se convirtió en una dama de gran cultura, y a pesar de vivir en una época donde la formación educativa de la mujer era muy precaria, su admirable personalidad, su gran erudición, sus cualidades artísticas y su sólido conocimiento en francés, la hicieron distinguirse como una mujer independiente y admirada en la sociedad ecuatoriana. Resulta ser que en aquel entonces, la Real Audiencia de
Quito había conformado un organismo cultural que promovía el pensamiento ilustrado y el nacionalismo, se debatían en esta entidad los problemas que afrontaba nuestro país en ese entonces, y estaba constituida por miembros de varias ciudades; el nombre de este organismo era Sociedad Patriótica de Amigos del País o Escuela de la Concordia.
Lo cierto es que en una reunión mantenida dentro del gremio se resolvió que la señora Doña Magdalena Dávalos, una de las mujeres más cultas del siglo XVIII debía ser declarada integrante de la Sociedad, y no como “Socio de número” sino como “Supernumerario”.

Era común escuchar, a los miembros de la sociedad de
antaño murmurar:
- Es un honor para Riobamba, indiscutiblemente, la inclusión de esta mujer en la lista de esta Sociedad.
- Es así que su contribución tuvo una dimensión nacional y proyección internacional, y Magdalena Dávalos además de pertenecer a la Sociedad de Amigos del País fundada por Eugenio Espejo en noviembre de 1791, fue una pieza fundamental en la
Misión Geodésica.
Además de destacarse como mujer sagaz, amante de la literatura, el canto y la música, se la recuerda por su generosidad, es mentora de su único hijo José Antonio
Lizarzaburu.
Don Juan de León y Larrea al hablar de ella se expresaba de este modo: “Quién como Lizarzaburu ha recibido mejor educación? Su grande madre, más que grande por sus virtudes, por su ciencia, por su asiduo trabajo, por su gobierno doméstico, hubiera merecido
que le multiplicasen estatuas.
Esa, de quien hubieran podido aprender sabiduría y virtud las más de las capillas y bonetes de nuestra provincia. Esa, que con una profunda humildad sabe disimular lo que sabe y lo que vale. Ella es la que en el taller de sus instrucciones formó a Lizarzaburu y sacó un hombre acabado en obrador tan precioso».

La muerte de la “Musa francesa” aconteció el 8 de enero de 1806, en su propiedad querida de Elén, «oleada y sacramentada», como se acostumbraba decir. Fue enterrada en la iglesia de San Francisco, en Riobamba, con todos los sacramentos de Penitencia, Eucaristía y Extremaunción.
Su memoria está intacta en la ciudad de Riobamba, una de sus más importantes escuelas y una calle lleva el nombre de Magdalena Dávalos.
Nuestra ciudad aún la recuerda y aunque han pasado varios años, Magdalena Dávalos habita en la bella Sultana de los Andes, iluminando el cielo y sus históricas calles con destellos de arte, ciencia y cultura.