KULTA KUCHA

LA LAGUNA DE COLTA

En la cordillera de los Andes, específicamente en la provincia de Chimborazo, hay una hermosa laguna que parece un gran espejo de agua, rodeada de una exuberante vegetación, y conocida en lengua puruhá como “Kulta Kucha” que significa “Laguna de Patos”, dicen que hace ya muchos años, impresionó a las tropas españolas que llegaron a estas tierras en tiempos de la conquista; y que en esta llanura a orillas de la laguna construyeron la primera iglesia católica de la Real Audiencia de Quito, destinada a la adoración de la Virgen María como recuerdo a la abadía de la Virgen de Balvanera, en la provincia de Logroño de la península ibérica. Según parece, hace tiempo esta laguna no existía, y en su lugar una gran llanura se extendía a lo largo de estas tierras, bajo la mirada esplendorosa del Taita Chimborazo.

Cuentan que un día tres comerciantes que viajaban frecuentemente desde Tomebamba hacia el pueblo
de Jambato, para vender sus productos en el mercado, llegaron por el camino que los indígenas conocían como el Kapac- ñan, y mientras atravesaban el histórico camino empedrado, rodeado de elegantes paisajes andinos; allá… en la llanura cerca de la iglesia de Balvanera, el sol…a punto de ocultarse detrás de unas nubes negras, los aguardaba ansioso al caer la tarde. De repente, el cielo se oscureció en el lugar, y los comerciantes cansados por el viaje, y sin mucha fuerza para terminarlo de una sola vez, buscaron un lugar donde guarecerse y se dispusieron a descansar en un tambo cerca de la iglesia de Balvanera para reponer fuerzas.

Descargaron la mercancía de la recia mula que los acompañaba, y que de tramo en tramo se turnaban para arriar, acomodaron su pertenencias y las baratijas que traían en la mula, especial cuidado tuvieron con una paila dorada de cuatro orejas, que destacaba entre toda la mercancía, la misma que la acomodaron de pie en la tierra como si fuesen a cocinar. Luego se prepararon a dormir al abrigo de un refugio improvisado, quemando algunas ramas de las muchas que crecían entre los matorrales.

Una vez en el refugio, los comerciantes dormían sin perturbaciones, cuando unas gotas de lluvia sin importancia humedecieron los páramos encantados, que se pintaban con todos los tonos de verde posibles. Uno de ellos soñaba que llovía a cántaros en su Tomebamba olvidada, y que se desbordaron los cuatro ríos, cuyas corrientes los arrastraban. De pronto, sintió unas gotitas inofensivas que le resbalaban por el rostro, causándole un cosquilleo que terminó por despertarlo. El comerciante recién despierto zarandeó con fuerza a sus amigos quienes despertaron alarmados. ¡La mercadería se estaba mojando!, con apremio recogieron todas las baratijas, solo hasta entonces notaron que el agua de lluvia había llenado las tres cuartas partes de la paila…quisieron ponerla a buen resguardo, pero no pudieron levantarla, entonces, respiraron hondo, agarraron con fuerza las orejas del utensilio y halaron con todas sus fuerzas, pero no pudieron alzarla ni un centímetro.

Después de varios intentos por levantarla, tomaron una soga de cabuya, la desenredaron, de un lado ataron la oreja de la paila, del otro la mula, verificaron si los nudos eran resistentes, entonces azuzaron al animal con todas sus fuerzas, hasta que les venció el cansancio. ¡La paila no se movió! ¡No lo podían creer! Los curiosos del lugar ayudaron en el intento de moverla haciendo fuerza entre todos ¡Pero nada! Parecía que el utensilio pesaba lo mismo que el cerro de Cacha. Fatigados por los inútiles intentos de mover la paila, vieron cómo a medida que pasaban las horas, las gotas de agua siguieron cayendo del cielo, tenues pero constantes, veían impotentes cómo el caudal del agua aumentaba con la lluvia, hasta formar un charco… ¡La visión fue impactante para todos! ¡Jamás lo hubieran imaginado!

…de pronto, unos patos migrantes se esparcieron por todos lados, posándose sobre el gran espejo de agua, sin que nadie tuviera referencia de su presencia. Estupefactos y derrotados por la naturaleza, los testigos de este fenómeno no tuvieron más remedio que sentarse a ver llover, mientras miraban cómo el imperceptible charco se había convertido en un pequeño lago. Según cuenta esta antigua leyenda, al pasar los años este lago creció cada vez más, convirtiéndose en una laguna. La paila quedó sumergida bajo el agua, algunos dicen que la paila de cuatro orejas en ciertas temporadas asoma a las doce del mediodía y a las doce de la madrugada

También cuenta la leyenda que esta enigmática laguna guarda secretos íntimos en sus tranquilas y cristalinas aguas, durmiendo entre totoras, con peces de colores, patos, garzas y gallaretas… mientras las personas que habitan a sus alrededores comentan que la laguna mantiene pacto con el diablo. Esta…es una de las misteriosas leyendas de esta bella laguna que conocemos como la Laguna de Colta.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar